UNA COLILLA MENOS EN EL CENICERO

Nacido en Harlem aunque criado en el Bronx. Solía incidir él en eso. Tal parece que para el currículo queda menos cafre la segunda barriada New Yorker que la primera (clasismo heredado de la anglosajonía que en esa orilla del charco les mola mazo).
Descendía de jamaicanos mezclados con escoceses. Nada que reprocharle por ello, salvo el aprovecharse de su blanquecina negrura dándoselas de afroamericano cuando convenía en su ascenso por las esferas del poder federal o lo de hacer del nivel de melanina una forma propicia para ir llegando (cual cucaracha escaladora) a cargos de más elevada responsabilidad (que, obvio, implicaban más sueldazo). Todo por el Cash, Fuck Yeah.

Mucho uniforme galardonado siendo Senior de un dudoso honorable, sin embargo, igual que sufrió el jovenzuelo grueso armado Yankee, Hô Chí Minh le dio una ración de esa peculiar amabilidad cercana a lo búdico a la par que guerrillera que se le vino encima a USA desde Hà Nội. Tampoco merecía el que pudiese ofrecer palabras de excusa para quejarse por la debacle bélica: al menos, que no es poco, no volvió al hogar dulce hogar en una jodida caja de pino, vivo salió el fulano de las junglas de aquellos lares de Asia.

A la que fue haciéndose (o le hicieron a medida los Lobbies) un nombre, los medios de (des)información lo endosaron vía caja hueca e imbécil al populacho americano como un republicano de muchísima solvencia, cuando en verdad se sabía en la movida Paparazzi que no lo era, sinó un especímen del grupúsculo Neocon del borrachuzo de Bush hijo.
Tiempo después acabaría marcándose un Judas Dem’ pidiendo el sufragio favorable a las liberalprogres siglas del asno: al Obamismo con sus Killah Drones, a la hebraica cornuda de las primaveras (de color sangre) e incluso a Pedobear Biden (el viejuno cobarde que de Kabūl se ha escaqueado).
También dijeron de él los Media Mob que suponía el hombre moderado, la persona del consenso, la racionalidad, el necesario equilibro en el gobierno Rep’ de la época. La cruda realidad: un halcón de la misma vileza que los demás inmorales con permiso para mangonear en el despacho oval.

Pues nada, que ha fallecido Colin Powell, al que hispanizo como Colín (a libre albedrío), por complicaciones derivadas de la Infección Ling Ling. Ergo: dos veces le ganaron los amarillos. Tiene su gracia.
Para el recuerdo, aquel erre que erre con el chusco bulo de las armas de imaginación masiva. Las mismas (sabido es) que desencadenaron una guerra (calendarizada previa al 11S en la agenda del amo deicida) para derrocar al secular socialismo nacional iraquí, luego sumiendo al país en la bárbara bronca con la(s) insurgencia(s), el hambre, sesgando vidas civiles a mansalva, el caos, la miseria, preludio de ese Golem que fue (ojo: sigue siendo) Daesh.

Colín fue, para colmo de colmos, quien decidió que la fuerzas armadas de la cacareada primera democracia enviadas a Irāq las conformasen paisanos escogidos por su especial desprecio, animadversión, odio hacia lo árabe (del islámico al nazareno, pasando por el druso, a las arcanas minorías aún paganas). Qué gran idea Colín (sarcasmo). Luego que nadie se sorprenda por las salvajadas del palo chirona Abū Ġhraib que en la nación donde gobernó Ṣaddām, para vergüenza del mal llamado mundo civilizado, allí acaecieron.

Es el enésimo cabrón del neoconservadurismo hincando siempre la rodilla a Sión que acaba de carnaza para gusanos sin ser juzgado por genocidas crímenes de guerra. Colín se dio el piro rodeado de su familia en su casoplón.
Y es un hecho que se va vaciando el cenicero de bípedas colillas que pusieron la Tierra del revés a inicios del nuevo milenio. Ahí, en el susodicho cenicero, donde echaban la ceniza de sus cigarros puros habanos, que se fumaron con palurda soberbia esa pandilla de psicomaníacos cuando charlaban sobre el muchísimo parné con el que se iban a forrar robando el preciado crudo de los pueblos a los que machacaron sin base alguna.

Simbólico: en la imagen indica el ahora cadáver con los dedos hacia arriba. Puede que a los cielos (quién sabe: ha palmado). No, que carajo, va a a ser que no. Tú abajo Colín, al averno (como la soleada Florida pero con algo más de canícula en llamas).

HERR NEIN

 

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