UNA FÁBULA MUNICIPAL

El nuevo consistorio de Orejilla del Sordete se reunía en Pleno para la elección del nuevo equipo de gobierno municipal. Las recientes elecciones se habían convertido en un parto de difícil digestión del que había salido un aborto con todos los colores del arco iris. Dos o tres partidos de derechas -todos ellos con sus irrenunciables matices ideológicos-, dos o tres partidos de izquierdas -todos ellos también con sus irrenunciables matices ideológicos- y media docena larga de partidos de centro -ehhh, sí, todos ellos con sus irrenunciables matices ideológicos ¿¿¿???- se reunieron a puerta gayola en el salón de plenos para elegir alcalde y repartir las distintas concejalias .

El cónclave se asemejaba más a una mañana en la kashba que a una reunión politica, los electos representantes públicos proclamaban como verduleras su género y ponían zancadillas verbales a sus competidores por la Vara de Mando con el variado repertorio de epítetos que todo español bien parido domina desde que comienza a hablar. El asunto se iba caldeando tanto que cuando se mentó la Concejalía de Obras Públicas, alguien creyó ver el brillo de una navaja trapera desplegándose.

Tras varias votaciones a mano alzada en las que nada positivo se ventiló, se pasó a la votación secreta donde se verificó como algún honrado electo sorprendentemente había cambiado de bando. El barullo comenzó a tomar proporciones de drama cuando se demostró que el trasvase ideológico era premiado por el partido beneficiado con sendas concejalías de las mejor dotadas presupuestariamente para los díscolos mutantes de colorido. El griterío tronaba ensordecedor y ya algunos faltaban al respeto a los progenitores del vecino cuando de improviso, surgió como una luz cegadora la voz de la democracia. Un solo hombre se reveló como el más juicioso entre tanto deslenguado y con voz serena pero firme se hizo oír entre todos con los argumentos más sólidos del talante democrático:
“Compañeros, os he estado escuchando con harta paciencia y me siento avergonzado de todos vosotros, ahí afuera está la soberanía popular que nos ha elegido con su sabiduría para representarle. No hemos venido aquí por tanto para llevarnos mal ni para llevarnos bien, para lo que hemos venido es ¡¡para llevárnoslo todo!!. Hasta los candelabros si pudiéramos”.

Aquel discurso poderoso levantó como por un resorte a todos de sus asientos e hizo que comenzaran a aplaudir hasta dislocarse las falanges. El visionario fue elegido alcalde por aclamación, en primera votación, y para celebrar el quórum, todos los candidatos electos acudieron a la marisquería más próxima donde entre centollos y rioja se repartieron tranquilamente y en total armonía las concejalías.
La facturita de la cena fue la primera que se cargó a la cuenta del flamante nuevo consistorio.

¿Fin?

LARREA     MAYO/2015

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