UNA MENTIRA LLAMADA “DEMOCRACIA”

 

Tenía 32 años cuando comenzó lo que tanto añorábamos, unos por aburrimiento de 40 años del mismo régimen, y los más por desconocimiento de la “democracia” que se nos venía encima.
Muchos de los que creímos, y, algunos “luchamos” por esa utopía, al cabo de un par de años pudimos comprobar que el pantano era el mismo, pero con más gérmenes dentro de él, su pestilencia era 17 veces mayor, el número de “trocitos” que los oportunistas vendepatrias (de todos los pelajes) había repartido España.

Salté a tiempo del “barco de los vendidos”, a pesar, que por mi trayectoria política podría haber medrado y recibir algún mendrugo de los nuevos reyes del cotarro, a cambio de mi silencio; pero arrojé mi bagaje político en la “dictablanda” junto al carnet y, me fui por libre.
Ya en libertad, sin tener que recibir ni dar consigna alguna, me fue más sencillo comprobar las mezquindades de los que saltaban de una trinchera a la otra, sinvergüenza, y con el único objetivo que medrar.

Así pude ver a falangistas (los importantes, los de a pie siempre fueron fieles), pasarse a la masonería (que siempre, a pesar de Franco, funcionó en España), a periodistas que ya había leído en ABC o Pueblo, pasarse al diario El País ( ya abducido por la logia del falangista Cebrián, hoy muñeco-bilderberg), a poetas campanudos que habían dedicado loas al Generalísimo, rompiendo en mil pedazos aquellas cuartillas… a curas y capellanes del Movimiento abrir sus sacristías a la bestia terrorista, a obispos que antaño llevaban bajo palio al Caudillo, blasfemas sobre su tumba… a actrices, actores y saltimbanquis varios, premiados en homenajes presididos por don José Solis, Jefe Nacional del Movimiento, en el Capitol o El Callao, huir como bandoleros, insultando al que le dio trabajo, pan y medallas; grandes actores, pero pequeñas personas, como Rabal, Fernán Gómez, Fernando Rey, Concha Velasco (la niña de la Cruz Roja, tan asidua de doña Carmen Polo en las galas del Calderón)… todos de cabeza o de culo, al grito de “maricón el último” a los platós de televisión, a contar la mentira de quien había sido más “revolucionario” en el régimen anterior, y , todo por un plato de lentejas agusanadas y un prometedor chalet con piscina, todos arrastrados por el río pestilente y cenagoso de una democracia verbenera, más falsa que el beso de Judas.

Hablando los traidores de libertad… su libertad “individual”, la más falsa y dañina; una ficción porque solo una minoría es capaz de alcanzar esa libertad individual, o la ilusión de ella, al precio de que la mayoría tenga que renunciar a ella. Es una ficción porque oculta la verdadera sumisión del individuo al régimen democrático, sea como dominador o como dominado, pues ser dominador es otra forma de sumisión.

Toda esta inmunda pleitesía ha ido, a través del tiempo democrático in crescendo, los que vivieron el régimen franquista o están muertos o somos unos ancianos en el trampolín de nuestras vidas, y las generaciones que nos siguieron (salvo honrosas excepciones) son más sumisos y miserables. Creando una raza de reptiles analfabetos y resentidos, llenos de odio y vacíos de inteligencia, sin la complicidad ruin de la “democracia liberal y masónica”, no hubiesen salido de las charcas… las colaus, los rufianes, los puigdemones, los garzones, los rajoys, los zapateros, los pablitos, los sánchez y sus bufones, como el tal Wyoming, un “paria de la tierra” con 16 inmuebles sólo en Madrid y un sueldo de 900.000 euros, gran comunista de Beluga y Dom Pérignon, idiotizador de masas, gran manipulador, mentiroso universal.. y esta última semana, también necrófilo, al manipular el cadáver falsificado de Francisco Franco, alguien del que por siglos la Historia hablará de él, mientras que de ese que se llama José Miguel Monzón, nadie sabrá de su existencia al minuto que deje de respirar.

Este es el escuálido resumen que se merecen estos 40 años de democracia, en la que creímos unos pocos ilusos y millones fueron engañados…
Pero como bien escribió Schopenhauer, “cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa”.

LORENZO FELIÚ

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