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NI CON UNA PINZA EN LA NARIZ… YO NO VOTO

Estamos en jornada de reflexión, así que lo hago en voz alta y lo escribo: mañana no iré a votar.

No puedo votar al PSOE porque además de su pasado asesino es un partido político que ha trincado desde que tengo recuerdo y encima les han pillado con el carrito del helado, añadiendo a lo anterior las mentiras y discursos volubles de su “Ken candidato”, no inspira ninguna confianza.

Tampoco puedo hacerlo por los ladrones del PP, condenados como partido político, que saquearon Valencia y el resto de España. No puedo hacerlo de ninguna manera. Menos aún recordando lo de la inyección de millones a entidades bancarias, recorte salarial brutal -que me aplicaron éstos pero que, aunque no lo haya dicho, también me aplicaron los otros- e intercambio de sobres.

Ahora si me permiten entro con los «nuevos». Incluso voy a entrar a hablar del de «Más País». La Rosa Díez chaquetera en formato Errejón. Una jugada muy bien estudiada por algunos para restar votos a la izquierda.

Podemos es más un partido socialdemócrata que suelta burradas de extrema izquierda cuando pierde intención de voto. Y conste que a día de hoy simplemente defienden los servicios públicos. Sí, a este extremo hemos llegado. Es que, cuando uno tiene ganas de llegar a gobernar a cualquier precio… sobra el olor a naftalina de algunas ideas de hace muchísimos años, escupidas por un régimen fracasado del que hace poco celebramos los 30 años de la caida de su muro de contención. Aunque, por ahora, sin casos de corrupción en sus filas. Al menos de importancia notoria. Defienden los servicios públicos, el poner freno a los precios de los alquileres y la necesidad de mejorar la equidad. Un discurso quizá atractivo pero  basado en demasiadas ocasiones en tópicos irrealizables.

Ciudadanos no es un partido ni es nada. Ya no queda nada de la ideología «de izquierdas» (sí, en algunos casos era muy de izquierdas el ideario) de cuando se creó. Ahora se ha convertido en el partido que defiende la privatización de los servicios públicos y ha convertido su política en ir sacando cosas, según les convenga,  a imitación de Doraemon. Un partido sin política que, pudiendo llegar a ser otra cosa, ha acabado siendo otra muy diferente, de hecho ha acabado siendo un partido veleta.

En este lodazal de puercos, el auge de VOX es lógico. La gente está cabreada al ver cómo se ha robado a manos llenas en los últimos años, cómo se han creado miles de chiringuitos (uno en el que, curiosamente, trabajaba el líder de esta formación), cómo está aumentando el paro (el discurso antiinmigración funciona en economías con mucho paro y bajos salarios) y harto de que unos y otros les recuerden hasta la saciedad lo que pasó hace casi cien años. Recordar es sano e imprescindible pero, sinceramente, hay temas que deberían llevarse al margen de lo mediático. Pero votar a un partido que defiende el cheque escolar, la desaparición de la sanidad pública o las pensiones y políticas ultraliberales es muy poco inteligente. Bueno, salvo para los que tengan mucho dinero pero, por lo que conozco, los que les votan son más bien personas que no tienen ni un euro bajo el colchón, por no hablar de los “camaradas”, algo que me sorprende y me confirma que no todos eran antisistema en nuestras antaño numerosas filas.

Así pues, mañana no iré a votar ni útil, ni inútil, ni  con una pinza en la nariz. Eso porque no puedo votar por alguna falange en mi provincia.

Y vuelvo a repetir que lo del voto útil me parece una soberana gilipollez que solo beneficia a la derechita cobarde o a la derechita un poco menos cobarde.

No, por coherencia no puedo votar a uno de los dos partidos políticos que, en un plisplás cambiaron la Constitución para favorecer a los poderes económicos. No puedo plantearme el voto útil porque, al final, eso se convierte en una falacia interesada que nos han vendido «los que han controlado el cotarro durante más de cuarenta años (en el Estado o en las diferentes Comunidades Autónomas)» .

Toca cambiar. Al menos toca abrir las ventanas porque, si uno no abre las ventanas, determinados lugares nunca se ventilan. Pero si hay que cambiar, que sea de sistema, mientras tanto no visitaré la urnas.

Una rata reflexiva y no votante

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