VICENTE GACEO, “EL CHIQUILLO”

Con la biografía del “pequeño y valeroso Gaceo”, como lo definió José Antonio, inauguramos una nueva sección en EL CADENAZO en la que queremos rendir un pequeño homenaje que sirva para rescatar del olvido a todos aquellos camaradas que acompañaron a los grandes nombres que todos ponemos voz y cara en nuestra memoria. En un principio la sección iba a llamarse “los héroes olvidados”, pero decidimos que ese tratamiento no sería justo porque su generosidad, su valentía y su arrojo para enfrentarse a un destino que venía inexorablemente unido a sus vidas, siempre estará vivo en la memoria; aunque sea tan solo de un puñado de románticos. Por tanto nos pareció mucho más exacto nombrarla como “LOS HÉROES ANÓNIMOS”.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez quiénes son los camaradas que acompañan a JAPR en la famosa foto a la salida del cine Europa?, ¿quiénes son los que cuelgan por los pies en aquella gasolinera junto al Duce y como llegaron hasta allí?, ¿quiénes caminan junto a Adolf en aquel paseo frustrado de Munich? Y mucho más allá, ¿quiénes fueron los responsables de acciones tan audaces como colgar la bandera de la pólvora y la sangre con la leyenda “viva el fascio” en todo lo alto de la Casa del Pueblo de la UGT o quiénes tomaron Radio Nacional en Valencia a la hora del boletín de máxima audiencia y lanzaron a los cuatro vientos la inminente llegada de la revolución nacionalsindicalista –con recuerdos especiales para Azaña-?

¿Y qué fue de ellos?

Desafortunadamente, de muchos de ellos apenas contamos con unas líneas, pero serán suficientes para que su memoria quede prendida en esta sección como llama de esa vela eternamente encendida por los que nos dejaron ofreciendo su sangre por la causa. Como decimos en nuestro rito sagrado, ¡Presentes! en vuestro lucero, la lucha continúa.

“Acudid a nuestro llamamiento. Aprenderéis con nosotros a llorar el dolor de España, a reír sus alegrías, a luchar por su honor y a morir por su integridad”. (Matías Montero).


Y así era en el comienzo de la década de los 30, no eran tan solo palabras tomadas al azar para enardecer un auditorio. Las amenazas en la calle o en el bar, las palabras más altas que otras en la universidad o en el puesto de trabajo, había que tomárselas en serio. Y era así porque te mataban. Simple y llanamente. Te mataban. Como a Matías, el autor de la frase citada.

Vicente Gaceo Del Pino nació en 1914, por tanto llegó a esta década de la locura homicida marxista con 20 años. Fue abogado y periodista. Ejerció el derecho como pasante en el despacho profesional del Jefe y el periodismo como redactor del semanario Arriba.

Se afilió a Falange Española siendo estudiante de derecho en la universidad de Madrid y fue fundador del SEU en esta misma universidad. El “pequeño y valeroso Gaceo”, como siempre lo definía el Jefe, posiblemente no creció más por el fuerte contrapeso que ejercían sus cojones; nombrado Consejero Nacional de FE de las JONS, en 1935 participa –en primera línea, cómo no– en el asalto a la sede de IZQUIERDA REPUBLICANA, donde es apuñalado; este hecho le valió ser distinguido con el “Aspa Blanca” por su “actividad en las milicias”. El valor no solo lo demostró en las horas oscuras donde las palabras dejan paso a la dialéctica de los puños y las pistolas, pues era el encargado de pleitear con la censura de la época cada punto y coma que ésta pretendía arrebatar de las páginas del Arriba. Sus camaradas de la época lo recuerdan siempre cargado con un maletín repleto de libros y papelotes. Tal vez por ese motivo, fue uno de los que se movilizaron contra el nefasto Decreto de Unificación de 1937, siendo acusado de ser uno de los instigadores de la manifestación falangista de San Sebastián – que no llegó a celebrarse -.

Gaceo, muertos José Antonio, Julio, Onésimo, Ramiro… con la Falange descabezada y en manos de los militares, como tantos otros falangistas de primera hora se alistó en la División Azul, tal vez pensando que debía ganar aquella guerra si quería ver su revolución secuestrada, triunfar. O morir, como lo habían hecho los demás, en el intento. Vencer o morir. Y lo hizo como simple soldado pese a sus cargos y reconocida trayectoria política. Sirvió en la 2ª compañía del regimiento 269 y allí, en las estepas heladas de Rusia y en primera línea de combate, lugar que siempre reservó para sí mismo, el 27 de diciembre de 1941, murió. Su cuerpo reposa en el cementerio de Grigorovo y su alma forma guardia en uno de los luceros que con mayor luz iluminan nuestro camino.

Desde la redacción de EL CADENAZO, le rendimos nuestro tributo y nuestra gratitud con el laconismo que nos impusimos en la milicia.

Camarada VICENTE GACEO  ¡PRESENTE!

Cerramos estas líneas con el breve y sobrecogedor testimonio de los camaradas que lo vieron morir.

“En pleno asalto observé a nuestra izquierda y a una distancia de 60 metros, a un soldado nuestro que levantaba el brazo pidiendo auxilio. Blanco y yo nos acercamos arrastrándonos y como tenía las piernas segadas por ráfaga de ametralladora, tuvimos que buscar una manta y así en pleno asalto lo trasladamos al botiquín, donde falleció poco después. Se llamaba Vicente Gaceo, pasante de abogado de José Antonio.”

Fuente: “Diario de un antitanquista en la DA” de Juan Chicharro Lamamié de Clairac

LARREA

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