EL VÍCTOR, EJEMPLO DEL RENCOR DE LA IGNORANCIA

Hace como 6 o 7 años y en plena efervescencia zapateril (aunque la izquierda prefiera olvidarlo, Zapatero fue un señor que gobernó en España), me colé en un grupo oficial de aquéllos que solicitaban huérfanos, desheredados, correveidiles y membrillos varios de la fauna patria con la finalidad de incoar expedientes de pretendidas reclamaciones para engordar la nómina de los expedientes tramitados, de tal manera que el Gobierno pudiera justificar aquella majadería de ley que acabó convirtiéndose en uno de los grandes méritos de su progenitor, el Hombre de la Ceja.

En aquella página, que a todas luces obedecía a una estrategia política del Psoe enmascarada tras una serie de organizaciones-pantalla, aparte de cientos de anécdotas -que podemos documentar- de gentes que preguntaban descaradamente cuánto dinero podrían sacar por un tío abuelo que supuestamente desapareció en guerra, había incluido entre los gestores, un autodeclarado historiador que era encargado de recibir denuncias anónimas acerca de simbología franquista, con la finalidad de incoar expedientes para solicitar su eliminación al municipio correspondiente.
En una de éstas, un señor, víctima de la logse o de alguna estupidez congénita -que esta parte la ignoramos-, informó:
“En mi pueblo existe una Plaza de Tenientes Daoiz y Velarde, comprobad si son franquistas”.
A lo que el ínclito historiador contestó lacónicamente: “anotado”.

Bien, séquense las lagrimas y recompongan el gesto para abordar la parte importante del artículo, que se refiere al daño que una caterva de ignorantes furibundos, alimentados por la ponzoña de una élite de desaprensivos, puede llegar a hacer contra la historia y el patrimonio de esta antiquísima nación que es España.
De la misma manera que el Águila de San Juan, escudo de los Reyes Católicos, unificadores de España, -y que figura, no lo olvidemos, en la página primera de la Constitución- ha sido denostada como “símbolo franquista” hasta hacerla desaparecer, incluso de nuestras propias filas, en una incongruencia histórica urdida por la mano de los Borbones; de esa misma manera, están desapareciendo de nuestra magna historia algunos de los más bellos, antiguos y entrañables símbolos.
Agredido, vilipendiado, robado, destruido o sencillamente pintarrajeado, por “franquista”, ha sido el Víctor.
Para muchos idiotas, la V coronada por la T es el escudo que el franquismo diseñó para conmemorar su victoria y que preside el primer desfile de ésta, aquel 1 de Octubre de 1939.
Veamos.

 

En las distintas fachadas de la Catedral de Sevilla, aparecen varios “grafitis” en color rojo.
Son “vítores o víctores”, o sea, anuncios grandilocuentes que los universitarios hacían cuando finalizaban sus estudios, es una inscripción de reconocimiento a la consecución de un doctorado.
Era algo común en la sociedad del siglo de oro y posterior, que los estudiantes hicieran pública la finalización de sus estudios pintando sobre las paredes de los edificios de la ciudad estos vítores. Y qué mejor edificio que una catedral.
Estos “grafitis” fueron cubriéndose por el polvo y la suciedad a lo largo del tiempo y fueron rescatados tras la última limpieza de la pétrea fachada catedralicia.
Hay enormes letras, símbolos, dibujos e, incluso, números. Parecen resistir el paso del tiempo para dar testimonio de acontecimientos olvidados y de nombres de personas que tuvieron un día su momento de gloria.
Esta costumbre se perdió tras la famosa Ley Moyano de 1857 donde se intentó erradicar el analfabetismo reinante en España, perdiendo, de este modo, todas las Universidades, excepto la de Madrid, la facultad de otorgar “vítores.
Facultad que fue, de nuevo, concedida al resto en 1954.

Sigamos con el Víctor en la historia de España.

La fuente de los Siete Caños de Cívica se encuentra en la parte alta de la pedanía de Cívica próxima a los caseríos que conforman la misma, como su propio nombre indica cuenta con siete caños de los cuales mana un agua cristalina y fresca.
Está fechada en el año 1797, como se puede leer en una inscripción colocada debajo de un símbolo de la victoria conocido como Vítor o Víctor. Es un símbolo derivado de un estandarte del Bajo imperio romano, que empezó a usarse por algunas universidades españolas a partir del siglo XIV como emblema conmemorativo de las personas que adquirían el título de doctor.

“Y era en la catedral donde se daban las clases y se examinaban los alumnos, dando lugar a una tradición curiosa que vale la pena comentar: en la capilla de Santa Bárbara el alumno velaba los libros durante 24 horas, pasando la noche con los pies sobre la estatua de un importante obispo que, según ellos, colaboraba en la iluminación intelectual. Con las primeras luces, entraban los cátedros para examinar a los valientes, y ejecutar una división importante. Los aprobados que ganaban el título de Doctor salían por la puerta principal de la catedral donde debían cumplir con algunas tradiciones: inscribir un “Víctor” en las paredes de la catedral y asumir, a costa de su peculio, un jolgorio de varios días con fiesta de toros incluida y visita a los autorizados lupanares de la ciudad. Los suspensos salían por la puerta de los carros donde arrostraban las iras de los defraudados amigos que se habían quedado sin jolgorio.”

Y por acabar con la historia…
El Víctor Romano es un símbolo derivado del crismón del Bajo Imperio romano
A partir del Edicto de Milán (año 313 d.C.), el crismón aparecía en monedas, estandartes y con el tiempo pasó a formar parte también de los escudos de los legionarios romanos.
Según la leyenda, al emperador Constantino, la noche anterior a la batalla del Puente Milvio, se le apareció en sueños la cruz junto a las palabras de «In hoc signo vinces» («Con este signo vencerás»). Al día siguiente éste sustituyó el águila imperial por el crismón o labarum y ganó la batalla.
Poco a poco fue transformándose en los escudos romanos hasta adoptar otra forma muy diferente. Se había convertido en otro símbolo: el Víctor, Escudo de la Victoria o Victorioso.

Visto lo visto, y con el merecido respeto que merecen los señores de la Memoria Histórica, sus secuaces y los ignorantes que la jalean: váyanse ustedes a la mierda .

LARREA    NOV/2020

 

Be Sociable, Share!

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    uno + siete =

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate