VIOLENCIA, DISCRIMINACIÓN E HIPOCRESÍA

Nunca me ha gustado en demasía ver o seguir el fútbol, deporte que respeto como cualquier otro, pero que no sé exactamente por qué motivo, ha sido convertido en Europa desde hace décadas, en un auténtico “opio del pueblo”.

Desde los años ochenta venimos asistiendo al fenómeno de los grupos de jóvenes radicales de uno u otro signo político, que utilizan las gradas para poner sus banderas y expresar sus ideas, claro está, aprovechando el gran impacto mediático que tiene el deporte rey.

Salta ayer la noticia de que los seguidores radicales del Rayo Vallecano, supuestos amantes de la tolerancia y las libertades varias, han obligado al club a prescindir del fichaje de un jugador ucraniano por “fascista”, “ultraderechista”, y mil adjetivos, ahora peyorativos, más. Este chaval no ha hecho nada, salvo tener ideas contrarias a los hooligans del equipo madrileño. De juzgado de guardia.

Por otro lado, una célebre periodista televisiva, justifica la reciente agresión a una joven en Murcia por parte de un grupo antifascista, una horda más bien de energúmenos cobardes y acomplejados,”porque se lo tenía merecido”, sin aportar prueba alguna, y a un grupo de españoles que cansados de ver como se destruye España y nadie hace nada por impedirlo, realizaron la “terrible afrenta” de dar unos gritos patrióticos en un centro separatista donde tenía lugar un acto independentista, les caen entre tres y cuatro años de cárcel.

La cosa está clara y siempre lo suponíamos; la violencia en ocasiones, censurar por motivos políticos, o encarcelar desproporcionadamente, siempre se ha practicado por todos los grupos humanos y regímenes habidos y por haber, para qué vamos a engañarnos, pero una cosa es cierta: nosotros los fascistas, jamás hemos engañado a nadie con palabras vacuas y falsas. A nosotros no nos gusta quedar bien ante el ciudadano idiotizado, y realizar lo contrario que predicamos, sino hacer lo que tiene que hacerse por el bien de la Patria y los nuestros, punto. Nosotros no utilizamos un doble lenguaje, hipócrita y mentiroso: a lo hecho, pecho, con gallardía caballeresca y sin florituras.

Y tenemos una gran diferencia con nuestros enemigos: nosotros luchamos por todo lo que merece la pena vivirse, y ellos, por aquello que da mucha pena y asco tener que vivir.

R. GARCÍA

 

GARC18

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