EL VIRUS SE LLAMA OPINIÓN

Hoy que empieza un nuevo ciclo pongo en revisión cuanto haga todo el mundo, aquello que “se sabe”, lo que “todos creen” porque este año hemos aprendido que ha sido inducido, no ha sido elección personal nuestra, nos lo han hecho creer a través de técnicas de control mental muy sutiles pero constantes.

Nos han engañado con la Historia de España y del mundo, nos han hecho sentir emociones dirigidas a conclusiones por ellos buscadas.

Han manipulado la ciencia desde la primera guerra mundial, creando premios internacionales que solo dan a los suyos o a los que defiendan su visión de las células, los virus y la biología.

Han creado su propio Olimpo de referencias, casi todas anglosajonas, ignorando a grandes investigadores hispanos.

Han manipulado la educación de nuestros hijos , creando una suerte de vergüenza de ser humano.

En todas las series, videojuegos y películas los buenos son los elfos, los mutantes o las etnias exóticas.

El hombre civilizado es el MALO de todas las historias, sobre todo si es del primer mundo, blanco, casado, con familia tradicional, heterosexual y religioso.

Los héroes son gente solitaria, amargada, que reniega de su especie y desprecia de todo lo espiritual, en definitiva, el héroe nunca será tu padre o tu madre.

Todo lo trans suena a moderno y atractivo mientras estudiar, trabajar, sacrificarse, enamorarse de una sola persona y construir una familia se muestra como viejuno, aburrido y anticuado.

Esas son las cookies que ha recibido cada niño que lo fue en los últimos 15 años, muchos adultos ya.

El compromiso, la lealtad, la fidelidad… son ideas obsoletas. Hoy el listo roba (La Casa de Papel), hoy la honradez apesta, lo molón es aprovecharse y copular lo que se pueda.

Así que cuando descubro una idea en mi mente y no soy capaz de reconocer cuál es la fuente sé que fue inducida e introducida en mi criterio sin pasar mis propios filtros, no es mía, no la decidí yo, me entró a través del cine y la TV.

Es casi imposible desintoxicar a los más jóvenes de todo esto, los padres se enorgullecían al verlos manejar vídeojuegos con dos años o diciendo cosas en otro idioma antes que en el suyo.

Oyeron a sus padres desde niños burlarse de lo español, hacer chistes de ello, denostarse a sí mismos para después decir que son más patriotas que nadie.

Pero a la vez babosear con todo lo de fuera con complejos que los niños heredan por piel.

El 80% de lo que creemos que son nuestras ideas no lo son en realidad pero solo nos daremos cuenta si pasamos un antivirus consciente sobre ellas.

Esta falta de criterio conlleva una pérdida de ideales muy peligrosa que convierte a los europeos en gente plana más preocupada de parecer políticamente correcta que de serlo.

Las malas personas han aprendido qué deben decir para que no se les note. Saben que deben fingir amor a los animales, feminismo, tolerancia hacia ciertas cosas y hacia otras no. Conocen perfectamente los jardines en los que no han de meterse para ligar más, tener más amigos y pasar por majos.

La gente buena e inteligente, en cambio, está atrapada porque que no se les permite pensar por sí mismos ni hacer ninguna pregunta que incomode al relato pactado: o lo aceptas o eres un paria.

En un mundo de verdades grises el gris no existe por decreto, blanco o negro, eliges ser popular o ser denostado.

El Imperio de los mediocres controlados por el egoísmo como mandamiento único.

En este caldo de cultivo una sociedad se pudre, los padres no quieren ser distintos, los hijos ansían ser iguales, mientas se finge que la diversidad es buena se acaba con ella de facto.

Por eso mi propósito para este Año del Gran Despertar es revisar cuanto creo, pienso y siento para separar lo que elegí por voluntad propia de lo que me indujeron esos que ahora sé que mienten por dinero.

No quiero ser igual a nadie, la diferencia es lo humano, las opiniones no se deben contar, hay que pesarlas porque una sola buena inclina la balanza de la verdad y la justicia más que millones de equivocadas.

No, tu opinión no tiene por qué ser respetable; tampoco valen todas igual, es más, la mayoría no valen nada en absoluto.

Una opinión digna debe ser formada, meditada, original tuya, contrastada, revisada… las opiniones de telediario son ideobasura, la corrección política son mentiras aceptadas.

Por eso, queridos, por eso creo que el virus peligroso no se llama omicrón sino opinión.

FERNANDO LÓPEZ-MIRONES

http://euskalnews.com

https://t.me/elaullido

 

 

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