EL VOMITIVO ENCANTO DE LA BURGUESÍA

Si algún edificio pudiere representar por sí mismo a la sociedad catalana, ese sería sin lugar a dudas el Palau de la Música.

Hortera hasta sangrar los ojos, construido a mayor gloria de la burguesía en la zona noble de la ciudad entre palacetes y demás recuerdos decadentes de las imperecederas familias poderosas, a nadie debería extrañar que con el tiempo se convirtiera en el epicentro de la escenografía del rancio nacionalismo catalán.

Viendo ayer las grotescas imágenes de los ricos palmeando por la independencia uno no puede por menos que acordarse de los momentos puntuales en que las circunstancias otorgaron a los catalanes tal posibilidad y no la tomaron.

Fue en la guerra civil y el caos reinante ponía en bandeja a la Generalitat la oportunidad de tirar por la calle de en medio.

Literalmente Companys se giñó y tras asegurar la República con Goded entre una pared y doce fusiles, el día 20 de julio se reunía con los cuatro mandamases del anarquismo que aunaban en torno suyo el poder verdadero que siempre es el de las calles. Durruti, Ascaso, García Oliver y Abad de Santillán le ponían las peras a cuarto al Honorable y éste en locución pública reconocía que su Gobierno pendía del 9 largo de Buenaventura.

Los anarquistas, lógicamente, se afanaron en aquello que creían y se aplicaron en la revolución, es decir: en desposeer al Estado de sus resortes de poder.

Y así fue: sin impuestos, sin recaudación, sin transacciones, sin plusvalías… ¡sin un jandón! que diría un castizo (con perdón) el Gobierno de Cataluña languidecía en los primeros meses de la contienda… y con él sus numerosos mantenidos, of course.

Lo más gracioso es que la columna Faista “que ya veía el Pilar” reclamaba sin cesar viruta para el esfuerzo bélico y el mismo Durruti amenazó con volver a Barcelona para resolver el asunto con su delicado estilo personal.

El Conseller de Hacienda Josep Tarradellas ideó algunas chorradas para sacarse unas pelillas, tales como impuestos a los espectáculos, impuestos a los funcionarios (que estaban sin cobrar desde el principio de las hostialidades), impuestos a los aparatos de radio…

Al final, de tripas corazón terminó pidiendo auxilio a Madrid en forma de créditos y avales para otros créditos, y el todopoderoso Negrín con la callada por respuesta reaccionó intentando traspasar los fondos de la Delegación de Hacienda en Cataluña al Banco de España, momento en que Companys y Tarradellas se dieron cuenta de que estaban no solo en quiebra… sino quebrados.

Y decidieron robar (sí, robar) aquellos dineros tomando por decreto el control directo de las delegaciones de Hacienda y las sucursales del Banco de España en Barcelona, Tarragona, Gerona, Lérida, Reus y Tortosa.

Y esto, amiguitos y amiguitas es la historia interminable de la “indapendensia”: dinero, dinero y más dinero.

Cuando Azaña y Companys en las postrimerías de la guerra se cruzaron dándose el piro, el depuesto Presidente de España eligió cruzar la frontera en distinto momento del señor de El Tarrós, para que nunca pudiera afirmarse que los dos políticos estaban a la misma altura.

No es noticia, no lo es… ni que la burguesía catalana diera palmas ayer en el Monte del Templo, ni que pidan más pasta haciendo escuchitas al presidente de España.

LARREA   DIC/2019


 

Tsunami irrumpe en el concierto del Palau de la Música

El tradicional concierto de Sant Esteve, que cada año se celebra en el Palau de la Música Catalana y al que ha asistido esta tarde el presidente catalán, Quim Torra, ha acabado con gritos de “independencia” y de “libertad, y con la exhibición de una pancarta de Tsunami Democràtic.

https://www.elperiodico.com/es/politica/20191227/gritos-independencia-palau-musica-catalana-7787990

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