Y DESPUÉS… NADA

Recuerdo haber visto el domingo 1 de marzo en Cuarto Milenio el programa dedicado casi en exclusiva al coronavirus. No era ninguna chuminada de fantasmas o apariciones, eran unos especialistas -al menos mucho más que los actuales dirigentes políticos- que advertían que se estaba endulzando el mensaje y la información que el gobierno estaba trasladando a la población mientras se negaba la evidencia de los informes reales que tenían sobre la mesa. Urgían a tomar medidas de inmediato.

Recuerdo asimismo cómo la televisión pública, la 1, el miércoles día 4 desplegó todos sus medios en una contraofensiva de varias horas en un programa monográfico difundiendo que esto era sólo como una simple gripe y que no había motivos para el alarmismo.

Recuerdo la masiva y asfixiante propaganda gubernamental en las vísperas del 8M haciendo llamamientos para llenar las calles en el akelarre feminista.

Lo demás todos lo conocemos.

Con más de 15 días de confinamiento obligado y con un mes más por delante a buen seguro, el personal está viviendo una situación inesperada (o no, vaya usted a saber) que ha paralizado el país y que ha inoculado, más que la incertidumbre, el virus del miedo.

También son incontables los mensajes que circulan llamando a hacerles pagar caro, cuanto todo esto acabe de pasar, a los responsables de esta situación por sus acciones u omisiones incompetentes y criminales… pero ¿saben qué les digo? que pasará lo de siempre, no nos engañemos.

El pueblo español actual, carente de cualquier capacidad de rebelión, adocenado y aborregado, cuando todo esto pase y se hayan quedado en el camino unos cuántos miles de compatriotas, se ocupará de seguir con su rutina habitual y se conformará con haber seguido la liturgia de salir a aplaudir desde la ventana a las ocho y quizá algunos seguir llamando desde las redes sociales o cuando se vuelvan a reunir en el bar, canallas, ineptos y criminales a Sánchez y su cuadrilla.

Me temo que poco más. Esta nación va a seguir de forma indefectible ganándose a pulso su autodestrucción.

Así que después… nada.

LUIS M.

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